Para algunas personas, la tranquilidad no llega como alivio. Llega acompañada de desconfianza.
Cuando todo está en calma, aparece una pregunta silenciosa:
¿Cuánto va a durar?
Cuando relajarse no se siente seguro
Si aprendiste a estar atento, a leer señales, a anticiparte, la calma puede sentirse extraña.
No porque no la quieras, sino porque no estás acostumbrado a habitarla.
A veces, bajar la guardia se asocia con perder el control.
La vigilancia también fue una forma de cuidarte
Estar en alerta no apareció de la nada.
Fue una respuesta inteligente en algún momento de tu vida. Una manera de protegerte. De no volver a ser sorprendido.
Por eso no se va solo porque ahora “todo esté bien”.
La calma no se fuerza, se practica
Aprender a estar tranquilo no es apagar un interruptor.
A veces es solo permitir pequeños momentos:
